De todos los temas de salud ambiental que investigué y sobre los que escribí, el moho es el que más sorprende a la gente — no porque sea información nueva, sino por lo sistemáticamente que se pasa por alto.

Las enfermedades relacionadas con el moho se manifiestan con una gran variedad de síntomas: cansancio, niebla mental, problemas respiratorios, reacciones en la piel, cambios de ánimo, alteraciones del sueño. Estos síntomas se superponen con tantas otras afecciones que el moho rara vez es la primera causa que se investiga.

El desafío es mayor porque no todo el moho es visible. Las variedades más tóxicas suelen crecer dentro de las paredes, debajo del piso o en los sistemas de aire acondicionado y ventilación — invisibles a simple vista, presentes en el aire que una familia respira todos los días.

Lo que las familias necesitan saber: si vos o tus hijos tienen un conjunto de síntomas que no ceden con el tratamiento convencional, y vivís en un edificio que tuvo cualquier daño por agua — aunque sea menor, aunque haya sido hace años — vale la pena investigar el moho. Un test ERMI es un buen punto de partida. La buena noticia: con la información y el acompañamiento adecuados, las enfermedades relacionadas con el moho se pueden abordar.

Si el moho está en tu radar, Toxic Mold Recovery explica qué buscar y por dónde empezar (en inglés), y un escaneo de biorresonancia puede señalar patrones que vale la pena mirar con más atención. Encontrá el libro en la página de Libros.

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